
Como ya hemos visto antes, podemos crear historias transformandolas, pero también, invirtiendolas. La
inversión consiste en "darle la vuelta a la tortilla" por así decirlo, Si el lobo es malo, y caperucita es buena... ¿Qué pasaría si caperucita fuera mala y el lobo bueno? ¿y si Cenicienta fuera una niña mal educada que solo hace dar disgustos a su madrastra? o ¿Blancanieves viviese con 7 enormes gigantes?...
Todo esto da lugar a una narración libre y automata que nuevamente fomenta la imaginación del niño/a. Asi nos cuenta Gianni que un niño de 4 de básica creo una historia en la que Remo mataba a Rómulo por lo que la nueva ciudad no se llamaba Roma si no Rema, y sus habitantes Remanos.
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